Por qué República Dominicana necesita una ley de restitución a víctimas transfronterizas
La propuesta FRVICOT:
devolver a las comunidades haitianas parte del dinero criminal que se lava en
nuestro territorio
Por: Quilvio C. Fernández | Mayo 2025
|
El
Estado dominicano tiene hoy el poder legal de confiscar los bienes de los
criminales que lavan dinero en nuestro territorio. a los que llamo "DOLARES DE SANGRE", Lo que no tiene — y lo que
proponemos crear — es el mecanismo para devolver parte de ese dinero a
quienes verdaderamente lo perdieron. |
En los dos artículos anteriores de este blog hablé del problema en detalle, cómo las bandas haitianas generan cientos de millones de dólares con el sufrimiento de su propio pueblo, y cómo ese dinero termina circulando en nuestro sistema financiero e inmobiliario. En este artículo quiero hablar de la solución que desde Funbehique hemos estado desarrollando durante meses.
La propuesta se llama FRVICOT —
Fondo de Reparación a Víctimas del Crimen Organizado Transfronterizo. Y la
razón por la que creo que es necesaria no es complicada: lo que existe hoy no
alcanza.
Lo que existe y lo que
falta
República Dominicana tiene buenas
leyes contra el lavado de activos. La Ley 155-17 es un instrumento serio y
moderno. Tenemos extinción de dominio, tenemos la Unidad de Análisis
Financiero, tenemos una Procuraduría que en los últimos años ha mostrado más
voluntad de actuar. Todo eso existe y funciona, aunque siempre con espacio para
mejorar.
Ahora bien, cuando el Estado dominicano confisca y vende los bienes
de una red criminal haitiana que lavó dinero aquí, ¿qué pasa con las familias
haitianas que fueron secuestradas para generar ese dinero? ¿Qué pasa con las
comunidades que fueron extorsionadas? ¿Qué pasa con el pueblo haitiano al que
sus propios gobernantes corruptos le robaron los fondos públicos y los trajeron
a lavar a Santo Domingo?
La respuesta honesta es, nada. Ese dinero se distribuye entre instituciones dominicanas bajo el artículo 33 de la Ley 72-02. Lo que es perfectamente legal, Pero podríamos hacer un poquito mas sin violar la ley, y es aportar un poco para aliviar la miseria de eas comunidades saqueadas por las bandas criminales.
La idea central de la
propuesta
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No
estamos proponiendo quitarle nada al Estado dominicano. Estamos proponiendo
que parte del dinero criminal confiscado, que hoy va íntegro al Estado de
todas formas, se distribuya de forma diferente cuando proviene
específicamente de organizaciones criminales transfronterizas. |
El esquema que proponemos es el
siguiente: cuando se confisquen bienes vinculados a organizaciones criminales
transfronterizas designadas — o a funcionarios corruptos extranjeros que laven
en RD — el dinero obtenido se distribuye en cuatro partes.
El 50% va a seguridad nacional y
fronteriza. Ese dinero financia directamente al CESFRONT, a la inteligencia
financiera y a los operativos contra las mismas redes que generaron los
recursos. En otras palabras, el crimen financia su propia persecución. Eso
tiene toda la lógica del mundo y es el punto que más convence a cualquier
institución del Estado.
El 30% va al Fondo FRVICOT — a las
comunidades y familias víctimas en el país de origen de los crímenes,
canalizados exclusivamente a través de la Iglesia Católica en Haití y otras
instituciones humanitarias con presencia verificada en ese territorio. Ninguna
organización con sede en República Dominicana puede tocar esos fondos.
El 15% va al fortalecimiento
institucional: formación de fiscales especializados, tecnología para la Unidad
de Análisis Financiero, cooperación con organismos internacionales. El 5%
restante cubre los gastos administrativos del mecanismo. El Estado dominicano
pone la nómina — ese 5% es solo operativo.
¿Por qué la Iglesia
Católica en Haití?
Esta pregunta me la han hecho
varias veces y la respuesta es práctica, no solo simbólica. En este momento, la
Iglesia Católica en Haití es prácticamente la única institución que todavía
tiene presencia real, confianza popular y capacidad de distribución en las
comunidades haitianas más afectadas por las bandas.
El gobierno haitiano es
prácticamente inexistente. Las agencias internacionales trabajan con dificultad
extrema. Pero los sacerdotes y las comunidades religiosas siguen en sus
parroquias, siguen conociendo a las familias, siguen siendo el punto de
referencia de comunidades que han perdido todo lo demás. Ese capital de
confianza no tiene precio cuando se trata de hacer llegar recursos a quienes
realmente los necesitan.
La propuesta reconoce a la Conferencia
Episcopal Haitiana como institución prioritaria, pero también abre la puerta a
otras entidades verificadas — Cruz Roja, organismos de Naciones Unidas — con el
mismo nivel de exigencia en transparencia y rendición de cuentas.
El argumento que más me
convence personalmente
He presentado esta idea a varias
personas — legisladores, académicos, gente de la sociedad civil — y el
argumento que más convence no es el humanitario, aunque ese también vale. El
que más convence es el estratégico.
Las bandas haitianas no temen las
prisiones. Tienen capacidad de reclutar infinitamente mientras la pobreza y el
caos sean la norma en Haití. Lo que sí debilita a una organización criminal es
cortarle el acceso al dinero. Y si parte del dinero que logran lavar aquí regresa
a las comunidades que intentan controlar mediante el terror, eso tiene un
efecto desestabilizador sobre su base de poder.
No es una solución mágica. Pero es
una palanca que hoy no existe y que podría existir si República Dominicana
tiene la voluntad de ser el primer país del Caribe en crear un mecanismo de
estas características.
El camino por delante
La propuesta está desarrollada en
detalle en un anteproyecto de ley completo que Funbehique ha elaborado durante
meses de investigación del marco legal dominicano e internacional. No duplica
ninguna ley existente — las complementa con el único elemento que falta: el
destino de los resultados.
Estamos en proceso de presentar
esta iniciativa a las instituciones correspondientes, incluyendo el Congreso
Nacional y organismos internacionales que trabajan en la región. En las
próximas semanas tendremos novedades sobre ese proceso.
Si usted conoce a alguien en el
ámbito legislativo, diplomático, eclesiástico o de la sociedad civil que
debería conocer esta propuesta, le agradecería que la comparta. Las buenas
ideas necesitan circular para prosperar. Y esta, con toda la modestia que me
cabe, creo que es una buena idea.

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