Cifras en la sombra: vacíos de la Ley 136-03 que aprovechan las mafias para reclutar menores en RD
Por Quilvio C Fernandez
Mientras la delincuencia juvenil de alta peligrosidad golpea calles y
barrios, la República Dominicana sigue operando a ciegas. La Ley 136-03 (Código
para el Sistema de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes) impide difundir
nombres o imágenes de menores infractores, una
medida de protección razonable. Pero las autoridades han llevado ese
blindaje a un extremo injustificable: ocultan las cifras agregadas de
delitos cometidos por adolescentes, sus tipologías, sentencias y reincidencia.
Sin estadísticas públicas, no hay política posible. Y en ese vacío de
datos, los carteles y bandas organizadas han encontrado un caldo de cultivo
ideal para reclutar niños y adolescentes, usándolos como carne de cañón para
homicidios, ajustes de cuentas y microtráfico.
Lo que la Procuraduría no quiere mostrar
Según datos fragmentarios obtenidos por esta investigación de fuentes
oficiales y testimonios de investigadores policiales —que piden reserva por
temor a represalias—, entre febrero y abril de 2025 la Procuraduría General de
la República (PGR) registró 859 delitos cometidos por adolescentes
internos en Centros de Atención Integral. De ellos, 328 fueron robos
agravados, 179 violaciones sexuales y 170 homicidios.
Sin embargo, no existe un boletín periódico ni un portal accesible que
permita saber si esos números suben o bajan, en qué municipios se concentran,
ni cuántos de esos jóvenes reinciden tras cumplir sus condenas —que, por ley,
apenas alcanzan los 5 años como máximo para los de 16 a 18 años.
Varios agentes e investigadores consultados coinciden: las
cifras reales son muy superiores a las que aparecen en los raros
comunicados de prensa de la PGR. “Hay homicidios cometidos por menores de 13
años que ni siquiera entran en el sistema penal, porque la ley los declara
irresponsables. Ni siquiera se registran como delitos juveniles, se archivan”,
denuncia un oficial con 15 años de experiencia en el departamento de
homicidios.
Vacíos legales: una licencia de impunidad para las
mafias
La Ley 136-03 establece tres pisos que han sido explotados
sistemáticamente por el crimen organizado:
1.
Menores de 13
años: irresponsabilidad penal absoluta. Un niño puede
cometer un asesinato o una violación y el Estado solo puede aplicar “medidas de
protección” (como un taller psicológico). Las mafias lo saben y reclutan niños
de 10, 11 y 12 años para sicariato.
2.
Penas máximas
ridículas: 3 años para los de 13 a 15; 5 años para los de 16
a 17. Y con el artículo 341, al cumplir la mitad de la condena, un juez puede
sustituir la pena por una más leve. En la práctica, un adolescente puede
asesinar a 10 personas y salir libre en menos de dos años.
3.
Prohibición
de difundir identidad: correcta en
sí misma, pero usada como excusa para no publicar estadísticas
anonimizadas. El CONANI y la PGR se escudan en “protección de datos” para no ofrecer series históricas
desagregadas.
El resultado es un paraíso para los carteles: reclutan menores sabiendo
que, si los capturan, en semanas o menos de tres años si es asesinato vuelven a
la calle —más entrenados, más violentos y con más contactos criminales.
El silencio del Congreso y el lobby de las ONG
Ninguna comisión legislativa ha evaluado el impacto real de la Ley
136-03 desde su promulgación en 2004. Las iniciativas de modificación han sido
sistematicamente bloqueadas por un reducido grupo de organizaciones no
gubernamentales que, bajo un discurso de “protección integral”, defienden
cualquier artículo que limite sanciones. Estas ONG, muchas financiadas con
fondos internacionales, han logrado que el blindaje legal se mantenga intacto
mientras la ciudadanía clama por justicia.
El Congreso no solo no fiscaliza; ni siquiera exige a la Procuraduría un
informe anual detallado sobre delincuencia juvenil. Esa omisión es la otra cara
de la complicidad.
¿Qué hacer? Tres líneas para salir del hoyo
Frente a este diagnóstico, especialistas en criminología y
exfuncionarios consultados coinciden en que no se trata de “mano dura” ni de
abolir derechos, sino de cerrar los vacíos que hoy permiten la
impunidad y el reclutamiento:
1. Datos públicos, pero anonimizados
La Procuraduría debe publicar trimestralmente un boletín con:
·
Delitos
cometidos por menores, desagregados por edad, sexo, municipio y tipología.
·
Porcentaje de reincidencia.
·
Sentencias
impuestas (privación de libertad, medidas alternativas) y tiempo efectivo de
cumplimiento.
·
Número de
adultos procesados por reclutar menores como parte de bandas.
Ninguna ley lo impide. Lo que falta es voluntad política.
2. Reforma quirúrgica de la Ley 136-03
·
Bajar la edad
de responsabilidad penal a 12 años, con un sistema gradual de
consecuencias.
·
Incluir
la reincidencia como agravante que pueda extender la pena
máxima hasta 7 u 8 años para los delitos graves y para asesinato hasta 30 años
para disuadir.
·
Crear la
figura de “utilización de menores para actividades delictivas” como
delito autónomo de crimen organizado, con penas de 15 a 20 años para los
adultos captadores.
3. Reinserción real, no discursos
Los actuales centros de atención integral son cárceles sin educación de
calidad. Se necesita:
·
Escuelas
técnicas dentro de los centros, con certificación oficial.
·
Pasarela
laboral protegida para egresados, con incentivos fiscales a empresas que
contraten jóvenes con antecedentes penales.
·
Sistema de
mentores y seguimiento post-condena de al menos dos años, para evitar que el
menor vuelva a ser captado por la banda.
Conclusión: ocultar cifras es proteger a los
carteles
La República Dominicana no puede seguir actuando como si los
adolescentes infractores fueran un fenómeno marginal. Cada dato que la
Procuraduría esconde, cada estadística que no se publica, cada condena que se
reduce automáticamente por un artículo obsoleto, es un regalo para las mafias
que convierten a nuestros niños en sicarios.
Es hora de exigir al Congreso una evaluación
independiente de la Ley 136-03, y a la PGR transparencia real. Ocultar cifras
no protege a los menores: los convierte en cómplices silenciosos de un sistema
que prefiere no ver la sangre en las calles.
Fuentes consultadas
·
Agentes e
investigadores policiales (reserva de identidad).
·
Fragmentos
del Boletín de Transparencia de la Procuraduría General de la República
(feb-abr 2025).
·
Ley 136-03 y análisis jurisprudencial.
·
Testimonios
de operadores del sistema de justicia juvenil.
·
Testimonios de
víctimas de crímenes cometidos por menores
Comentarios
Publicar un comentario